Cómo paso de ser un hombre sano, con un poco de tos a no poder
hablar ni comer por un cáncer de pulmón con metástasis terminal y cómo sigo
vivo a pesar de que los médicos me “mataron”.
Este ha sido el mayor desafío en mi vida, el Desafío a Creer en mi
sanidad y lo quiero compartir con ustedes, porque sé que a muchos les puede
servir lo que yo he vivido para creer y seguir adelante.
Soy un hombre temeroso de Dios, un hombre luchador, mucha gente me
conoce por mi fe. A veces también quisiera verme como me ven los demás, porque
en situaciones de mi vida de pronto he sido fuerte, me ha tocado asumir cosas
que nunca imaginé, pero lo más importante es que soy un hombre que le cree a
Dios por encima de todo.
Tengo 43 años, he sido un hombre supuestamente sano toda mi vida,
hasta que un día hace pocos meses, tenía tos, solo tenía una tos fuerte, pero podía
comer, caminar y respirar, hacía mi vida normalmente. Fui al hospital a que me
revisaran la tos, pero lejos de imaginarme lo que vendría y cómo esto cambiaría
radicalmente mi futuro. Yo entré al
hospital y me dejaron internado porque
yo no respiraba y no entendía por qué, me había sentido mal un poco, pero era
normal, nunca había pasado nada, siempre he sido un hombre supuestamente sano,
hasta ese día.
Poco a poco se fue complicando mi condición, ya no podía respirar,
no podía comer y tampoco hablar, me
comenzaron a hacer varios exámenes y sin dejarme salir del hospital cada vez mi
cuerpo se deterioraba más. Llegaron a decirme que había dos posibilidades:
tuberculosis o VIH. Eso me asustó, pero
pensaba: que me importa si yo llevaba como 4 años sin tener relaciones con
nadie, que voy a tener SIDA, si solo estuve casado con una sola mujer, era algo
que descartaba, pero pensaba que de pronto iba a tener un tumor o alguna cosa.
Llegó el día del diagnóstico, ese día antes de saber el resultado
si estaba asustado. Me dijeron tienes un tumor y es canceroso, y según los médicos me dieron muy poco tiempo,
eso no me lo decía mi mamá, pero prácticamente me habían matado ya, me dieron
creo que tres meses. Lloré y lloré
porque no esperaba esto a mi edad y de un momento al otro, pero había algo en
mi corazón y era saber que Dios me había dado muchas promesas, y creía en esas
promesas y que el Señor las iba a cumplir y que no iba a importar la enfermedad
que tuviera, tenía que cumplirlas, y esa era mi esperanza y dije no me importa
si esto es para muerte, pues que sea la voluntad de Dios, pero sé que Dios va a
cumplir su voluntad en mi vida siempre.
Sin embargo pasaron muchas cosas por mi cabeza, si hay algo que no
tengo es temor a la muerte porque sé para donde voy, sé en quien he creído,
pero me dio susto porque todo lo que tienes se te derrumba, es como que te
quitan el piso, y no tienes de donde agarrarte, empiezas a mirar a tu
alrededor, empiezas a mirar todo lo que puede venir con eso, yo vi el proceso
de mi hermana y ella sufrió mucho, entonces también me daba susto.
Estuve casi 4 meses hospitalizado, esos cuatro meses me hicieron
de todo, en menos de un mes me operaron cinco veces, tenían que hacerme una operación en el pulmón
y sacar muchas cosas para hacer biopsias y todo. Después, mi corazón se llenó
de agua y sangre y el pulmón también, hasta que les tocó hacerme otra operación, me sacaron todo eso, me
hicieron también la biopsia de los ganglios…
Y seguía ahí, cada día me deterioraba más, se estaba poniendo peor
mi cuerpo, cada vez peor. Bajé 37 kilos
en menos de un mes, eso también te afecta, yo era hombre grande y ahora verme al espejo y parecer recogido del
holocausto nazi es terrible, verte sin cabello, ver como algunas cosas que
quieres hacer no puedes. De un momento al otro no pude ni hablar, de un momento
al otro no pude comer, no pude hacer lo que hacía antes, te puede dar una
depresión muy fuerte, pero solamente tu confianza en Dios es la que te
fortalece y te da una sonrisa para poder decir hoy voy a pasar un día más, hoy
es un día más cerca de mi sanación.
Pensé que no iba a salir de esta, no ha sido fácil, pensaba era
qué había hecho con mi vida, que había hecho porque si moría mañana me iba a ir
sin haber hecho nada, pensaba en mi trabajo, pero las personas que están cerca
de ti y te hablan sobre lo que eres, me dieron ánimo.
Creo que no he caído en depresión, ha habido momentos duros en los
cuales me ha costado, porque esa monotonía diaria, tantos meses en el hospital,
no fue fácil. Hay momentos donde no
puedes dormir, donde el vómito no te deja, donde tienen que ponerte inyecciones
a cada rato, donde entraban y salían las enfermeras. Había momentos donde sentía
fastidio, pero que yo haya caído en depresión no, trato que si algo me hace
sentir mal, o siento que me hace falta algo, no dejo que pase un día en ese
sentimiento, me apego a Dios y hablo con él y se va.
Hasta ahora no le he peleado a Dios, hay algo que aprendí y dice
en Job que el Señor da y el Señor quita, que se haga su voluntad, Dios es el
dueño de mi vida, tanto si muero, tanto si vivo y si vivo es para darle gloria
y si muero es para darle gloria.